jueves, 13 de mayo de 2021

Los exhortos no son suficientes: la crisis medioambiental y el Congreso de NL

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Foto: Nueva Prensa

Por: Beatriz Martínez, Coordinación General de Monitor NL  | 11 de noviembre del 2020

En 2017, con apenas 17 años, Monterrey me recibió con todo lo que esto venía consigo: su tráfico, su vida, Barrio Antiguo, nuevas amistades, fanáticos de Rayados o Tigres, pláticas sobre El Bronco y por supuesto, sus majestuosas montañas. Desde la ventana del primer cuarto que habité en la gran ciudad, veía diariamente el Cerro de la Silla y cada semana comenzaba caminando hacia mi clase de las 7 de la mañana los lunes, observando el amanecer asomarse por esa vista que me parecía única e irrepetible cada día, que me orillaba a detenerme y respirar, a admirar la construcción de la naturaleza mientras los sonidos de la ciudad me envolvían.

Yo era ajena a las diferentes realidades de la ciudad y su aire; los autos sólo significaban tráfico que no había experimentado antes en mi lugar de origen; no pensaba en la flora destruida o el impacto de la industria; admito también que personalmente, la crisis medioambiental seguía siendo algo que se veía ajeno, del futuro, o un tema de acuerdos internacionales, no de la realidad diaria. Si tienes una edad cercana a la mía, posiblemente creciste escuchando sobre la importancia de reciclar y de la capa de ozono, de apagar la luz y no dejar la llave abierta. A veces me pregunto si eso que aprendimos e interiorizamos realmente propició una responsabilidad generacional hacia la naturaleza o si más bien, nos acostumbró a vivir con la problemática presente, pero distante, posible de contener ahorrando energía o, más recientemente, optando por no utilizar popotes. El punto es que llegué a Monterrey, una ciudad que de acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Nuevo León, se encuentra entre las ciudades de Latinoamérica con mayores niveles de contaminación del aire.

La falta de comprensión respecto a la crisis medioambiental es algo claro y de lo cual estoy más que segura que formo parte: a veces no entiendo a qué se refieren ciertas siglas o términos científicos, ni proceso cuánto bajará o no la temperatura, ni visualizo del todo un futuro con los efectos de dichos cambios. Pero hay realidades que son claras y concretas: los glaciares derritiéndose; el océano lleno de desechos; las inundaciones o las sequías; los problemas respiratorios impactando nuestras vidas; las pérdidas humanas y materiales, como las 2 mil 764 muertes anuales en Nuevo León relacionadas con la mala calidad del aire de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública; la capa gris que imposibilita ver las montañas de Monterrey constantemente.

La diputada del Partido Verde Ecologista de México, Ivonne Bustos, ha hablado en meses anteriores sobre la Ley de Cambio Climático, mencionando que esta: “Llevará acciones encaminadas a reducir las emisiones CO2 y gases de efecto invernadero, que son principalmente el gran factor del cambio climático. Llegó el Covid-19 y después, en la Comisión de Medio Ambiente, a propuesta de la bancada del PAN, decidieron aplazar los nombramientos del Consejo”. Este no es un caso único, pues hasta finales de octubre del 2020, la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable acumulaba un total de 40 asuntos que no han sido resueltos. Si bien no debemos tomar este número como un indicador por sí mismo para evaluar el desempeño de la comisión, menos sin conocer a profundidad la naturaleza de dichos asuntos, sí es importante considerar la relevancia de analizar las propuestas estancadas en la comisión. Entre ellas encontramos propuestas relacionadas con la protección del agua y áreas verdes o la calidad del aire, como la iniciativa para la creación de un organismo autónomo para la calidad del aire en el Estado, pausada desde hace meses, pero que debería ser una prioridad no sólo de la Comisión de Medio Ambiente sino de todas y todos los legisladores. Es un tema urgente, no sólo en materia medioambiental sino también de salud, para el bienestar de la población neolonesa y la tierra que habitamos.

Algunas de las fuentes que más contaminan el aire de Nuevo León son: las fuentes fijas, relacionadas a actividades industriales, de comercio y servicios; las fuentes móviles, que incluyen vehículos motorizados de cualquier tipo; y las fuentes naturales, relacionadas a la erosión del suelo o los incendios forestales (Cómo Vamos NL). A pesar de esto, sigue sin haber legislación respecto a las consecuencias para las empresas contaminantes, ni propuestas que catalicen la inversión y expansión de un modelo de movilidad sostenible, al menos, a nivel del AMM.

También los esfuerzos en cuanto a áreas verdes se han enfocado en otros ejes, por ejemplo, el 7 de octubre fue aprobado el dictamen que modifica la fracción III del artículo 446 del Código Penal, imponiendo ahora de uno a nueve años de cárcel a quien cause “una explosión, inundación, incendio o bien realice pintas, sin importar el material ni el instrumento, sin la autorización o permiso de la autoridad competente, que causen daños a la salud pública, flora, fauna o a los elementos naturales de un ecosistema”. Meses antes, en agosto, las y los integrantes de la diputación permanente del Congreso, aprobaron por unanimidad un exhorto al gobierno estatal para que cumpliera con las funciones que le impone la ley para el cuidado del medio ambiente. Si bien algunas de estas acciones tendrán efectos positivos -sin lugar a duda- se quedan cortas frente a los retos medioambientales ante los cuales nos enfrentamos en Nuevo León y en el mundo. Algo no nos ha quedado claro a la mayoría de la humanidad, incluyendo al Congreso de NL: la acción es urgente; las reformas y medidas son necesarias; ya no estamos decidiendo por el futuro, estamos decidiendo por el ahora.

No son suficientes reformas que penalicen a las personas y desvíen la atención hacia pequeñas acciones que actúan como tapones ante la colosal crisis medioambiental y facilitando el desentendimiento de la responsabilidad con la que cargan nuestras y nuestros legisladorxs. Más allá de los exhortos y las soluciones temporales, hacen falta reformas estructurales que replanteen nuestros modos de consumo, nuestro modelo de movilidad, el desarrollo a costa de la tierra que habitamos. Hay una crisis que necesita el replanteamiento y la voluntad individual, pero todo esto quedaría destinado a una batalla perdida sin medidas concretas en materia medioambiental.

Yo no soy científica ni especialista en temas ambientalistas o en políticas públicas medioambientales, pero lo que sé, es que a lo largo de mi corta estadía en Monterrey los días en los que puedo ver el cerro han ido disminuyendo, que la calidad del aire que respiramos es dañina y que el 70% de los suelos del estado se encuentran con diferentes grados de deterioro (Observatorio de Sustentabilidad de Nuevo León). Lo que sé es que tomar acción para contrarrestar el daño al medio ambiente no es una responsabilidad única del poder legislativo, sino más bien un compromiso ciudadano y de todos los niveles de gobierno e instancias gubernamentales. Nuestro Congreso tiene poder y es momento de que lo utilice sabiamente.

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