lunes, 19 de abril de 2021

No todos somos economistas

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

 ¿Por qué seguimos arruinando nuestro apetito con la canasta de pan del restaurante?

Foto: Unsplash

Por: Sergio Araiza Robles (LEC) | 08 de octubre del 2020

Seré el primero en admitir que el neoliberalismo ha brindado estabilidad y crecimiento a la sociedad, un sistema complejo que presenta innumerables variables que deben de ser tomadas en cuenta al momento de hacer decisiones, como el bienestar de los individuos. Cuando el impacto de cualquiera de estas decisiones puede llegar a afectar de manera negativa o positiva a millones de personas, la presión para hacer lo correcto es alta.

Los individuos, especialmente los economistas, asignados al desarrollo y mantenimiento de este trabajo han -de manera ingeniosa- superados obstáculos, tales como la reducción del desempleo en la sociedad, convirtiendo e ideando maneras que facilitan el proceso que rige la creación de nuevas políticas económicas. Una de las herramientas clásicas de los economistas es el uso de fundamentos, los cuales, a su vez, conforman el núcleo de la ciencia social de la economía. El valor de los fundamentos se encuentra en su simplicidad y elegancia, permitiendo virtualmente a todas las personas entender las nociones básicas de la economía, como la oferta y la demanda.

Como estudiante de economía, estas suposiciones, tales como la premisa de que los individuos consumen de manera que maximizan su utilidad o la idea de que todas las personas son por naturaleza racionales y egoístas, son mi pan de cada día. La enseñanza de la teoría económica, sin hablar ni siquiera de su comprensión, sería imposible sin ellas. Los modelos que postulamos y las ecuaciones que resolvemos encuentran su sentido en los fundamentos económicos, los cuales se quedan cortos de ser escritos en piedra. Si bien estos supuestos han permitido grandes avances y mejoras en la calidad de vida, la realidad es que los fundamentos económicos son, en el mejor de los casos, aproximaciones. Esto no quiere decir que deberían de dejarse de usar, sino que se deberían agregar más preguntas a los modelos. Uno no tiene que irse demasiado lejos para comprobar esto. De hecho, uno solo tiene que preguntar: ¿Por qué seguimos arruinando nuestro apetito con la canasta de pan del restaurante?

Un verdadero economista, alguien que vive con fervor los supuestos económicos, jamás arruinaría su apetito con la canasta de pan. Él esperaría pacientemente hasta que su cena llegue, dejando la canasta de pan desatendida, haciendo uso de ella solo cuando él lo deseé. Verá, este ente no sufre de problemas de auto control ni se ve asaltado por tentaciones, lo cual no resulta sorprendente ya que así lo describen los fundamentos económicos. No puedo decir lo mismo de mí, y tengo un gran grado de seguridad que usted también se abalanza sobre la canasta de pan recién hayan tomado asiento.

La respuesta a la pregunta no es solo una transgresión a los supuestos previamente descritos, sino que, me atrevería a decir, es algo trillada: Somos humanos. Como humanos, tenemos problemas de autocontrol, comiendo de la tan apetitosa canasta, somos malos midiendo nuestro beneficio en el futuro, prefiriendo una canasta de pan a un platillo apetitoso y nos vemos afectados por sesgos, como seguir comiendo a pesar de que ya estamos llenos porque pagaremos por esa comida.

No se preocupe por convertirse en el ente descrito por los fundamentos económicos. Si bien estos describen una cosa y nosotros hacemos otra, hemos encontrado una manera de no solo relacionarnos bien, sino de beneficiarnos.

 Al fin y al cabo, no todos somos economistas.

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