jueves, 17 de junio de 2021

Ser Mujer en Tiempos de Elecciones

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Foto: Nueva Prensa

Por: María Estefanía Sánchez Tamez (Equipo de Investigación de Monitor NL)

Hace un tiempo leí un libro que, podría afirmar, me motivó a dejar de observar para empezar a actuar y decir mi opinión sin miedo. ¿El libro? Mujeres y Poder.

Mientras más leía los ensayos que la autora, Mary Beard, plasmó en el libro, más me convencía de que era necesario empezar a ser más activa. Hoy, gracias a ese libro, escribo con emoción y un poco de nervios.

Una vez más, nos encontramos en el periodo electoral a nivel local y a nivel federal. Una vez más, podremos recibir la visita de muchos candidatos que buscarán un puesto público. Lo que llama mucho la atención de este proceso electoral, aparte de que estamos pasando por una contingencia sanitaria, es que se espera que participen muchas candidatas gracias a las reformas electorales y lineamientos de las OPLEs.

Ser mujer en México es un reto, tenemos miedo de ser violentadas, tenemos impotencia de ver la impunidad en nuestro sistema de justicia y tenemos una gran tristeza al observar la falta de empatía que puede llegar a existir como consecuencia de un sistema que se ha encargado de invisibilizar nuestro sentir.

Estamos rodeadas de comentarios de falta de empatía, de invisibilización y de violencia (en cualquier tipo). El Ejecutivo y Legislativo Federal parecen ignorar que existe una problemática en razón de género, nos llenan de promesas todo el tiempo y carecen de acciones. ¿Lo bueno? Afortunadamente, cada día estamos siendo más activas y cada día creemos menos en sus promesas vacías. Luchamos contra el sistema que nos ha mantenido escondidas, hacemos frente al sistema que nos ha invisibilizado y victimizado una y otra vez. 

Hemos sido catalogadas como un grupo vulnerable porque los feminicidios suben a diario, porque las denuncias de violencia y acoso se hacen más públicas, porque 33 de cada 100 madres son solteras (INEGI), porque existe una brecha muy grande entre nosotras y los hombres, en todos los aspectos. Y todo esto, el sistema político lo ha usado para su ventaja.

Ser mujer en tiempo de elecciones, anteriormente, significaba un clientelismo por parte de los partidos políticos, este clientelismo terminaba fomentando y reforzando la invisibilidad de la mujer en la arena política.

Creo que no es necesario mencionar una de las prácticas más comunes de clientelismo hacia las mujeres, puedo decir que, esta “política pública” es una de rigor que incluyen todos los candidatos al momento de estar en campañas.

“Vota por mí, ofreceré esta estrategia exclusivamente para las mujeres.”

“Si votas por mí, cada bimestre recibirás este apoyo económico”

No dudo de la efectividad que pudo haber tenido esta estrategia en su momento, sin embargo, esta misma estrategia que buscaba ser apoyo para mujeres de grupos vulnerables, terminó vulnerando más. Invisibiliza todo un problema social y crea una dependencia.

Este programa no ve y ataca los problemas que afectan y orillan a las mujeres a ceder ante esta política pública.

“Necesito la tarjeta porque mi hijo está enfermo”

“Es un ingreso extra en la familia”

“Seré violentada si no la recibo”

Todo lo anterior, puede ser resuelto con otro tipo de política pública. Sea con la creación de empleos, con el mejoramiento de la infraestructura hospitalario y/o con un sistema de justicia mejor.

Sin embargo, el sistema político ha usado a las mujeres para crear un clientelismo del más bajo nivel, oportuno y sin empatía. Ha utilizado año tras año electoral la revictimización y a la mujer para forzarla a votar por ese partido, ha utilizado nuestras condiciones vulnerables para vendernos la idea de que ellos son nuestros salvadores, sea con una tarjeta, con una foto que se utilizaría para publicidad o con el discurso de que necesitamos ser salvadas.

Ser mujer en elecciones significaba siempre un discurso de victimización. Un discurso vacío. Un discurso que más adelante nos iba a invisibilizar.

Gracias a todas las mujeres que han luchado durante los últimos veinte años, se abrió el debate de no ser solo una mujer en tiempo de elecciones, sino también ser una candidata. Hoy, gracias a las reformas político-electorales, tenemos la posibilidad de ser una mujer que ve a otra mujer ser candidata. Cada proceso electoral, vemos cómo más mujeres empiezan a contender. Vemos la lucha y vemos su actuar.

Ser una mujer candidata significaba y significa (sin importar el partido) luchar en un sistema y arena política denominada por hombres. La lucha de la mujer en la arena política sigue y seguirá por mucho tiempo, pero tenemos a todas esas mujeres que lucharon sin cansancio por las reformas político-electorales de los últimos diez años y que, gracias a cada una de ellas, hoy nuestra lucha se fortalece.

Ser una mujer en tiempo de elecciones es ver cómo nuestras compañeras candidatas son atacadas por defender su postura, por señalar los errores, por proponer, por ser líderes.

¿Recuerdan cuando Marlene Benvenutti fue expuesta por hacerle un llamado al exgobernador, Rodrigo Medina? A muchas de nosotras, ese hecho nos dio rabia. Vimos cómo todas las Diputadas de la legislatura se solidarizaron con ella sin importar su partido, pedían una disculpa, todas decían que tanto la persona que lo hizo como el medio que la exhibió habían caído demasiado bajo. Pero nadie fue señalado, nadie pidió disculpas, y un día, todos lo olvidaron.

¿Recuerdan cuando a Mariela Saldívar la acusaron de tantas cosas en 2015? Recuerdo el coraje que sentí al ver todos los comentarios atacando sin fundamentos solo porque un rumor de una red social les llamó la atención. Mariela, quien es una de las diputadas más vocales de los temas más controversiales, sigue siendo atacada hasta el día de hoy.

Los rumores siempre han existido y seguirán existiendo, pero, ¿somos conscientes de cómo estos rumores afectan más a las funcionarias públicas que a los funcionarios?

Un ejemplo muy claro: nadie obligó al senador Noé Castañón, que también estuvo acusado de violencia intrafamiliar, a dar la cara por negarle a su exesposa el derecho de ver a sus hijos, incluso cuando ella llegó al Senado.

Puedo seguir todo el día hablando sobre cómo a las mujeres dentro de la arena política se les ataca por el mínimo movimiento, pero creo que, en este punto, ya hemos llegado a la conclusión de que somos mujeres que participan dentro de un sistema que ha sido hecho, jugado y modificado solamente para beneficiar en lo más posible a los hombres. No hablo solo del sistema político, si no también en los medios de comunicación, en la ciencia, en el derecho y muchos más.

Pero, me motiva que poco a poco estamos perdiendo el miedo de hablar de las fallas que encontramos; y abrimos el diálogo sobre las estrategias que podemos hacer para luchar y modificar.

Políticamente, hoy, ser mujer en tiempos de elecciones significa ser un agente de cambio, significa poder derribar el sistema clientelista con nuestra participación. Significa levantar la voz cuando vemos a nuestras compañeras candidatas ser violentadas y cuando nuestras compañeras electoras son usadas por el sistema político para su propio beneficio.

En tiempos de elecciones, poco a poco, somos más fuertes.

Esta temporada de elecciones, cuando toquen nuestra puerta y cuando levantemos nuestra mano, no tengamos miedo de preguntar más allá de lo común. Cuestionemos, dialoguemos, sepamos las posturas de nuestros candidatos, porque solo así, seguiremos en el camino del cambio y del fortalecimiento.

Se acabaron los tiempos de usarnos como estrategia clientelista, es momento de iniciar el resignificado de ser mujer en tiempos de elecciones.

A la estructura tradicional: ¡nos vemos el 6 de junio del 2021!

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